Aspectos básicos de la competitividad de la citricultura española

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España es reconocida mundialmente por el cultivo de sus cítricos. Aunque son numerosos los aspectos desfavorables que condicionan al sector, las cifras de comercio y especialmente de exportación indican que la citricultura española se mantiene en un lugar preferente.

Es mucho lo que podremos hablar sobre las circunstancias desfavorables que están condicionando desde hace ya años, y sin embargo no parece resentirse la imagen general que se tiene de la citricultura española, sobre todo por sus cifras de exportación de fruta para consumo directo, en el que España es líder mundial. En este momento se cultivan un total de 318.385 hectáreas, distribuidas entre la Comunidad Valenciana (57,6%), Andalucía (26,1%), Murcia (11,9%), Cataluña (3,3%) y solo el 1,2% en otras CCAA.

Son por lo tanto las regiones mediterráneas las que más tradición e importancia tienen de agrios en España. Se cultivan básicamente en regadío, y si hasta hace pocos años eran abundantes las explotaciones regadas por inundación, ahora predomina el cultivo a goteo. De esta modalidad de riego, además de la más obvia que es el ahorro del volumen de agua, son otras muchas las ventajas que pueden derivarse, por ejemplo, poder aportar el abonado junto al agua (fertirrigación), asegurar unas dosis más óptimas en cada uno de los estados fisiológicos del fruto, o poder hacer una mejor programación de las labores del terreno o llevar una mejor gestión de las malas hierbas en la parcela. La generalización del goteo solo ha hecho que mejorar la productividad de las explotaciones, convirtiéndose en un aspecto clave de la competitividad de las zonas productoras, que tienen en el agua de riego una de las principales limitaciones.

Salvo accidentes climatológicos, o situaciones comerciales anormales, la cantidad de agrios exportados suele superar los tres millones de toneladas cada año. Una campaña histórica por sus cifras de exportación (más de 3,6 millones de toneladas) fue la de 2006/07. No obstante, estas elevadas cifras no son siempre suficientes para conseguir comercializar la producción total. Si a esto se añade que el mercado interior no muestra incrementos elevados, y la industrialización también ha tenido dificultades en su expansión, el problema que surge es el de los excedentes, que difícilmente se manejan sin producir caídas en los precios en origen.

El predominio de las exportaciones españolas de cítricos en los mercados internacionales es evidente y, respecto al total exportado por el Área Mediterránea en una campaña media pueden ser: el 66% en mandarinas, el 49% en naranjas y el 57% en limones. En la Unión Europea la cuota de España sobre el total de las importaciones de agrios con origen en los países del Mediterráneo, supera el 75% en las tres principales especies. Sin embargo, a pesar de la posición dominante de las exportaciones españolas y del aparente control de los mercados, sobre todo europeos, esto no se refleja de forma favorable en los precios que reciben nuestros productores citrícolas.

Hay una tendencia creciente en las exportaciones españolas de cítricos, las cuales, entre las campañas 1988/90 y 2006/07, han presentado un incremento gradual, creciendo una media anual de 75.000 toneladas. Si consideramos la competitividad como una manifestación del predominio, permanencia y firmeza en los mercados respecto a otros países concurrentes, se puede afirmar que el sector parece competitivo, a pesar de las amenazas nacionales e internacionales.

Se comentan en primer lugar los aspectos más favorables a la competitividad de la citricultura española:

  • Un conjunto de variedades muy amplio, que se traduce en una oferta diversa y un completo calendario de comercialización
  • La climatología de las zonas productoras favorece el cultivo de agrios
  • La proximidad a los principales países importadores facilita y abarata la logística
  • La dotación de almacenes de confección bien equipados, el uso generalizado de cámaras frigoríficas y la completa industria auxiliar, son fundamentales también.

 

A pesar de todas estas ventajas, hay que insistir en que las dificultades derivadas de la comercialización y de la estructura productiva aumentan cada nueva campaña, por lo que los principales inconvenientes para la competitividad del sector citrícola español se señalan:

  • La debilidad de las estructuras comerciales a nivel de mayorista, con dimensión insuficiente en las empresas y cooperativas, frente al oligopolio en la UE constituido por un reducido número de grandes cadenas comerciales.
  • Las consecuencias de los acuerdos de asociación de la UE con terceros países, que se van renovando unos tras otro y cada vez dan mayores concesiones. Los países más perturbadores para el sector citrícola español son Marruecos, Egipto y Turquía.
  • En el aspecto estructural, la división de la propiedad tiene menores inconvenientes en Andalucía y Murcia, pero es de claro minifundio en la Comunidad Valenciana. Todo esto deriva en una citricultura de costes altos, que debe competir en los mercados finales precisamente con terceros países que tienen en sus costes menores su principal fortaleza.

 

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