Breves apuntes para calcular los costes de producción de una explotación agraria

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Los costes surgen de la necesaria destrucción o inmovilización de recursos que se da en los procesos productivos. Van directamente asociados a toda actividad económica: siempre que producimos algo incurrimos en unos costes.

 

Un coste no es una pérdida, sino un consumo necesario para obtener un valor añadido.

 

Cada campaña, cada especie vegetal, cada parcela o modalidad de producción, cada propietario, tendrá costes de producción diferentes. Al menos hay que calcularlos de forma exhaustiva un año, mejor si esa campaña se considera intermedia desde el punto de vista agronómico, y cada cierto tiempo irlos actualizando. Partiendo de un análisis de costes se puede optimizar la toma de decisiones, y con ello plantear los cambios necesarios para intentar mantener la rentabilidad de un cultivo.

 

A la hora de calcular los costes de producción de una explotación agraria, es muy importante ir recopilando todos los datos que necesitamos para su cálculo, algo que haremos a lo largo de la campaña. Normalmente se anotan los gastos habituales, por ejemplo de abonos, fitosanitarios o bien si contratamos a alguna persona para unos jornales eventuales en nuestra finca. Sin embargo hay cosas que se obvian, y que son imprescindibles de incorporar si se pretende calcular unos costes reales. Así, no debemos olvidar todas las horas de trabajo que realizan los propietarios o sus familiares. Tampoco se pueden menospreciar el conjunto de bienes que se ponen al servicio del cultivo, como naves agrícolas, maquinaria, instalación de riego, etc., ya que de ellas hay que calcular sus amortizaciones y otros costes como los intereses de los capitales.

 

Desde una perspectiva empresarial los costes más habituales en cualquier explotación agraria incluyen:

    • Costes variables
    • Costes fijos
    • Costes de oportunidad

 

 

COSTES VARIABLES

Son los que dependen del nivel de producción, y oscilan en mayor o menor medida según las condiciones agroclimáticas del cultivo, y por lo tanto siempre podemos aumentarlos o disminuirlos. Por ejemplo el agua de riego, es lógico que en un año seco se necesite pagar mucho más por el insumo “agua de riego” que en un año húmedo. Lo mismo pasa con plaguicidas, herbicidas, y otros productos químicos, según la incidencia de los problemas fitopatológicos que tenga el cultivo ese coste aumentará o se reducirá sobre otros años. Forman parte de los costes variables:

  • Materias primas: Agua de riego, abonos, fitosanitarios, plásticos, cuerdas, etc. Se computan a precio de mercado (junto con cualquier otro gasto derivado de su adquisición).
  • Mano de obra. Aunque hay cierta mano de obra fija que por lo tanto puede considerarse como coste fijo, toda la mano de obra (familiar o ajena) podría computarse a precio de mercado como un coste variable.
  • La maquinaria tiene costes variables (Ej. Carburantes, lubricantes, etc., cuyo consumo dependerá del uso que se haga de ella); y costes fijos (amortización, seguros, etc.).
  • En algunos casos no vale la pena tener una máquina en propiedad, y externalizamos una labor contratándola a una empresa externa. Es el caso de una vendimiadora, una trituradora de restos de poda, etc. Estas horas de trabajo de la maquinaria se computan como coste variable.

 

COSTES FIJOS

Son constantes e independientes del nivel de producción de la explotación. Estos costes son innatos de la actividad económica de la explotación, e incluyen algunos de gran relevancia, en concreto son:

  • Las amortizaciones de todos los bienes que tienen una vida útil mayor de una campaña. No hay que olvidar incluir la amortización de la plantación si es un cultivo leñoso.
  • Impuestos y seguros.
  • El coste del mantenimiento de las instalaciones fijas.
  • La parte de costes fijos de los aperos y maquinarias propias.
  • Otros costes fijos: teléfono, adsl, contratos fijos de asesoramientos (técnicos, fiscales, etc).

 

COSTES DE OPORTUNIDAD

Son consumos reales, que no se han pagado ni facturado y por lo tanto no se reflejan en la contabilidad financiera. Básicamente incluyen los intereses de los capitales empleados para el mantenimiento del cultivo, y también de la instalación de riego, de otras instalaciones como invernaderos, etc.

 

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