¿Cuál es el invernadero más característico del mediterráneo español?

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En España hay un tipo de invernadero llamado “parral” que es el que más se asocia con la idea de producción mediterránea. Se trata de una construcción sencilla pero eficaz para el cultivo forzado, cuyas características principales revisamos seguidamente.

 

En España hay algunas áreas donde la gran concentración de invernaderos forman verdaderos agrosistemas. Es el caso del poniente almeriense, en Andalucía, y de forma mucho más reducida en algunas comarcas de la Región de Murcia, la Comunidad Valenciana o Cataluña, todas ellas ubicadas cerca del Mediterráneo. Sin duda la bondad del clima mediterráneo ha sido uno de los principales alicientes en esta modalidad de cultivo.

Cuando en los años 70 se inició la expansión de los cultivos protegidos, a raíz de las  mejoras tecnológicas en la industria del plástico y otros elementos esenciales como la tecnología del riego por goteo, la producción de invernaderos en España se basó en la implantación de estructuras de muy bajo coste. De hecho se aprovecharon los antiguos parrales de uva de mesa como soporte, permitiendo cubrir amplias parcelas sin grandes desembolsos, lo que daría lugar al llamado invernadero tipo “parral”, cuya principal ventaja fue sin duda la baja inversión necesaria. También tenían grandes inconvenientes, como la falta de ventilación que se creaban en estas parcelas cubiertas con un plástico colocado a baja altura, y donde las opciones de control del clima era prácticamente inexistentes.

Este tipo de parral básico ha ido evolucionando con el tiempo, y lo ha hecho bien mejorando su estructura (sobre todo en altura y sustituyendo los palos de madera por otros de acero), a la par que aumentando su equipamiento para corregir sus numerosos inconvenientes de origen; o bien suponiendo un cambio más radical, hacia modelos con estructuras metálicas complejas y más típicas de otras zonas europeas.

Las ventajas de modelos más sofisticados no están solo en su estructura de acero galvanizados, sino en que los diferentes módulos que pueden construirse ensamblando diversos elementos, van creando tipos de naves con las que se dan solución a las necesidades más variadas, a la par que su opciones de equipamiento pueden personalizarse tanto como se desee.

Pero es cierto que al pensar en un invernadero “tipo mediterráneo” tenemos en mente un modelo más sencillo y económico, más cercano a los antiguos parrales pero que en los últimos 15-20 años han sido mejorados notablemente. Su sencillez no impide que cumplan con unas condiciones mínimas para la producción en las zonas mediterráneas, en las que gracias al clima no siempre hacen falta grandes tecnologías para obtener buenas cosechas.

No hay un único modelo de invernadero mediterráneo. Son varios los tipos o paquetes tecnológicos que pueden encontrarse nuestras zonas productoras, dependiendo de las exigencias del cultivo o los objetivos comerciales a conseguir. En cualquier caso se considera imprescindible el control ambiental (con mayor o menor número de automatismos), lo que conlleva optimizar la ventilación natural y motorizar las aperturas de las ventanas. Ello se une a un sistema de nebulización imprescindible en los meses más cálidos, lo mismo que el uso de ventiladores y pantallas térmicas. Más raros son los dotados con alguna modalidad de calefacción (por aire o agua caliente) y con sistemas de fertilización con CO2.

Dada la escasez de precipitaciones una inversión siempre necesaria es en la optimización de los riegos (con sus automatismos necesarios para aplicar el agua en la cantidad y momento necesario). También es muy frecuente que se recoja el agua de lluvia mediante canalización y almacenaje del agua que circula de las canales.

Los costes de implantación de los invernaderos son por lo tanto también muy variables, ya que a mayor dotación del paquete tecnológico más asciende el valor de la inversión. Nunca se trata solo de estos costes ya que habrá que sumar la instalación eléctrica, las balsas o depósito de agua, almacenes de suministros, cámaras frigoríficas, etc.

Las opciones tecnológicas hoy en días son enormes, pero la realidad es que la mayoría de los cultivos del mediterráneo español (básicamente hortalizas como tomate, pepinos, berenjenas, pimientos, etc. así como algunos tipos de planta ornamental) pueden alcanzar grandes calidades y cosechas con paquetes tecnológicos relativamente sencillos. A esta optimización ha llegado el agricultor después de comprobar cuál es su rentabilidad real según la inversión realizada, lo que no siempre pasa por incrementar desmesuradamente la tecnología incorporada. De hecho se ha comprobado que en estas condiciones los modelos más tecnológicos sólo se pueden justificar en cultivos muy selectos y en producciones donde la ampliación del calendario comercial, y por lo tanto, los mayores precios por la cosecha, así lo justifiquen.

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