¿Es lo mismo emprender que gestionar una empresa?

Empresarias-Mundoruraldigital

 

Se utilizan de forma similar, así que la idea generalizada es que son dos términos equivalentes, sin embargo hay que aclarar que no es lo mismo ser una persona emprendedora que alguien que gestiona (bien o mal) una empresa.
Emprendedora es una persona que nacer con ciertas cualidades que le hacen sobre todo inquieta: le gusta aprender cosas nuevas, disfruta innovando así que plantea nuevas soluciones a los problemas, es tenaz y no deja de ver oportunidades donde otra gente ve dificultades, y sobre todo es capaz de reponerse tras los muchos fracasos que con seguridad le llegarán. Una persona emprendedora siempre tiene ganas de superarse y de marcarse nuevos retos.

 

¿Qué nos hace ser emprendedores?

 

Nunca se trata de solo una cuestión de genes, o de carácter. El entorno también marca mucho. Si los padres fueron emprendedores, si alguien vio en casa cómo se fueron adoptando nuevas retos profesionales y personales, o cómo se afrontaron problemas de salud con entusiasmo, todo ello ayudará a tener carácter emprendedor. Pero además está la formación, y esta es totalmente programable. No hay edad ni limites para que alguien que tiene buenas ideas empiece a hacer de ellas proyectos tangibles y quizás grandes empresas, y para ello es muy recomendable formarse en todas las materias que acompañan al proceso de emprender y posteriormente al de crear una empresa.

 

Por su parte podría definirse como empresario o empresaria a quien ha montado, dirige y gestiona una empresa, esforzándose en que ésta esté viva, esto es: atiende a quienes allí trabajan, disfrutan recibiendo a los clientes, sabe negociar con los proveedores, coordina la estrategia productora y comercial, etc. Si lo hace bien y tiene suerte la empresa tendrá unos magníficos resultados y crecerá como marcan los preceptos económicos, aunque también será bien distinto es si la cosa va mal.

 

¿Cuándo necesita el empresariado un mayor carácter emprendedor?

 

Lamentablemente muchos empresarios/as se limitan a sobrellevar el día a día como mejor saben o pueden. Quizás heredaron una empresa que nunca vieron como una realización personal. Si no les ayuda ni la pasión ni su formación en su trabajo, este puede hacerse monótono y poco estimulante. Si a esto se añade que en los momentos de crisis el negocio baja drásticamente su ritmo de ingresos, ya no se trata de que alguien no se llene personal ni profesionalmente con su jornada laboral, simplemente la empresa deja de ser rentable con todas las consecuencias que ello conlleva. Hay veces que esos fracasos son puntuales, y acaban con un cierre temporal del que es posible reponerse en un futuro poniendo en marcha otra empresa. Si hay mala suerte será un cierre total junto al abandono definitivo de la actividad empresarial; es como decir que todos los inconvenientes o problemas del entorno empresarial superan de forma irreversible a las ventajas.

 

En los momentos de mayor incertidumbre económica y social es cuando es más necesario hacer las cosas de distinta manera, es decir, cuando el concepto de empresario y emprendedor deberían ir de la mano. Invertir en tecnología, adoptar nuevos modelos de negocios, abrir nichos de mercado, ofrecer nuevas propuestas… toda innovación debe probarse en esos tiempos.

 

¿Qué falta para conseguir empresarios-emprendedores y viceversa?

 

  • Seguir fomentando el espíritu emprendedor desde diferentes foros. Las personas emprendedoras son más creativas y no dejan de imaginar nuevas ideas de negocio.
  • Formar desde las escuelas de primaria en los temas de empresa, para que todas esas buenas ideas, muchas de las cuales surgen como pequeñas ocurrencias, puedan ir cogiendo cuerpo y materializándose en proyectos tangibles y viables económicamente.
  • Facilitar en mayor medida el proceso administrativo y burocrático para el arranque de los nuevos negocios, lo que significa también que fluyan los créditos iniciales desde los bancos.
  • No estaría nada mal contribuir a dignificar la actividad de los pequeños negocios o recuperar los oficios tradicionales como la agricultura o la artesanía, los que a su vez podrían y deberían profesionalizarse.

Es cierto que la mayoría de las medidas que aún son necesarias para facilitar el fin último del emprendimiento trascienden a la sociedad en sí, y quedan a expensa de lo que puedan o quieran hacer las administraciones. Pero por su parte el conjunto de la ciudadanía tiene que tener ganas de no debe dejarse vencer por una época y unas circunstancias adversas que con total seguridad también acabarán mejorando en un futuro. Y dado que en el futuro previsiblemente muchas cosas van a ser radicalmente diferentes, vale la pena empezar a preparase.

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