Principios que ayudarían a salvar el Mundo (Global y Rural)

Pradera-de-flores-MundoRuralDigital

La sociedad está cada día más preocupada por la crisis ambiental. Dado los efectos reales del cambio climático y el evidente deterioro del Planeta, cabe ponerse manos a la obra, y desde el Mundo Rural pueden hacerse muchas cosas.

El gran vínculo existente entre Agricultura y Medio Ambiente hacen que los efectos de la primera se manifiesten rápidamente en el segundo. Es cierto que la Tierra tiene problemas ambientales muy graves, y sería muy injusto achacarlos a la agricultura, un sector que atenúa muchos de los efectos negativos de otras actividades económicas. Pero lo que no podemos pensar es que los problemas medioambientales que padece el planeta se van a resolver solos. Todas las sociedades y actividades humanas, deberían trabajar desde ya para reparar esta crisis ambiental que puede acabar con la vida en la Tierra.

Habría que reaccionar antes de que sea tarde. Desde el Mundo Rural en particular se puede relanzar un cambio en el modelo de producción que también puede ayudar a salvar al Mundo en general.

Leyendo algunos tratados ambientalistas, son numerosas las acciones que se plantean para ayudar a paliar los graves efectos negativos de las actividades humanas. Aquí me quiero centrar en las que plantea el profesor Domingo Gómez-Orea en su libro Evaluación del impacto ambiental (Editado por Mundi Prensa en 2002). Estos principios deberían extenderse en todos los ámbitos de la sociedad, y parecen realmente muy adaptables por el sector agroalimentario, desde donde podría liderarse ese cambio.

  • Lo económico es ecológico y lo ecológico es económico. Producir sin dañar el medio ambiente es también una oportunidad de negocio, un factor de competitividad que no debemos desaprovechar. Lo normal es que prevenir los efectos negativos de una actividad suponga un ahorro futuro al no tener que asumir determinados costes ambientales y adelanterse a los competidores en una ética productiva que poco a poco irá imponiendose.
  • Responsabilidad compartida. Toda la ciudadanía debe implicarse en la cuestión ambiental. Hoy se están incentivando las acciones positivas con el ánimo, que no sólo penalice los daños, sino premiando a quienes de manera voluntaria se adhieren al cuidado del medio natural.
  • La resolución de los problemas se debe hacer desde el nivel de implicación más bajo. Es decir, aunque las Administraciones tienen la obligación de colaborar y participar de manera complementaria, no podemos esperar que siempre asuman las funciones que pueden cumplir eficientemente los demás agentes particulares.
  • Es mejor prevenir que curar. Evitar o reducir los problemas antes que aparezcan es la forma más eficaz de solucionarlos.
  • Sostenibilidad de las actividades. Respetar los ciclos naturales de renovación, o lo que es lo mismo, hacer uso acorde a la capacidad del propio ecosistema.
  • Quien contamina paga. Cuando se realice un daño ambiental se deben asumir todos los costes inherentes del mismo. No se trata solamente de motivar a la población a sufragar todos los costes de la contaminación producida, también hay que priorizar el reciclado, la reutilización, la recuperación y reducción de residuos. Hoy por hoy el objetivo prioritario debe ser evitar que generen dichos daños.
  • Si se conserva, se puede llegar a cobrar. Principio muy importante para el medio rural, donde las políticas han ido derivando a hacer de la actividad agraria una labor claramente ambientalista.
  • Internalizar los costes ambientales. Las actividades deben asumir todos los costes, tanto los intangibles como los tangibles, evitando transferir al resto de la sociedad los efectos nocivos de realizar una actividad particular, lo que ocurre frecuentemente aprovechando que muchos de esos efectos apenas se ven o cuesta cuantificarlos desde el primer momento.
  • Integración ambiental de las actividades. A la valoración exclusivamente monetaria que se hace de las actividades económicas hay que añadir otros valores, ambientales, sociales, culturales, para llegar a una gestión global de las empresas.
  • Lo verde vende. Aunque es un principio que mucha gente asocia a una estrategia de marketing, es real que hay una actitud más positiva por parte de los consumidores hacia los productos respetuosos con el entorno. Una de las evidencias es el complejo sistema de etiquetas y protocolos de certificación, que han surgido para garantizar que efectivamente dichos productos se obtienen siguiendo los criterios fijados.
  • Pensar globalmente, actuar individual y localmente. Sabemos que cualquier problema ambiental puede tener una repercusión extensa, y ocasionar efectos que acumulados en el tiempo tengan resultados muy grandes. Pero también se constata que una de las mejores armas es la educación y sensibilización ambiental. Los hábitos de consumo, las costumbres de desplazamientos, la forma de alimentarnos… todo influye, y la suma de los efectos positivos siempre será proporcional a las personas implicadas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *