Tenemos una nueva idea de negocio, ¿y ahora qué…?

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Ya tenemos una idea que creemos puede ser viable y podría hacerse realidad en un nuevo negocio. Ahora surgen muchas preguntas y sobre todo, muchos  sentimientos que debemos saber controlar y canalizar para poder llevar a buen puerto nuestro proyecto.

Y es que, en estos tiempos donde tanto se está fomentando el emprendimiento son muchos los cursos, jornadas o foros que fomentan sobre todo la creación de ideas de negocio, pero con ella viene todo un torrente de sentimientos que hacen enloquecer al emprendedor durante un tiempo.

¿Qué es lo que nos pasa después de que haya surgido una magnífica idea de negocio?

Cuando alguien tiene ganas de emprender, y desde luego si es una persona con carácter emprendedor, su curiosidad y las ganas de tener su propio proyecto de empresa le hará que en cuanto se ponga a organizar sus ideas le surjan potenciales planes de negocios. Cuando eso es así la idea se convierte en un tesoro que se atesora con recelo.

Por supuesto que es entendible ese miedo inicial, y esas dudas sobre si compartir algo que crees único, y nunca está de más un poco de prudencia dada la velocidad con la que hoy en día se copian todas las cosas.

Pero en la realidad, muchas de esas ideas que llegas a considerar únicas en el mundo, novedosas hasta el extremo de creer que vas a revolucionar tal cosa a nivel mundial, un poco de tiempo después, quizás solo después de un rato de reflexión, o tras una mañana de búsquedas concienzudas en internet, te das cuenta de que hay ya empresas consolidadas haciendo lo mismo que has pensado, o en su defecto algo muy similar.

Hay que insistir en que la idea en sí nunca es lo más importante.

Lo fundamental es cómo ésta se lleva a cabo y cómo la gestionan las personas que están detrás de la misma, por eso es cierto que cada idea puede llegar a ser realmente única.

Además una idea no es nada hasta que no se valida. Muchas veces esa validación solo pasa por comentarla entre tu gente allegada, quienes deberán de poderla entender y verle un sentido comercial, más allá de que lo ideal sería que puedas analizarla con personas expertas en el sector o área en la que pretendes incorporarte.

Pero ten claro que, al final, el verdadero testaje se produce cuando la idea se prueba a nivel de mercado.

Por lo tanto, la idea es algo previo y esencial porque cuando ella llega se pone en marcha toda nuestra maquinaria emocional. Pero tras la llegada de la idea ésta debe madurarse, lo que pasa por validarla, inicialmente con una profunda reflexión, en la que es imprescindible la búsqueda de ideas similares ya en funcionamiento. Tras observar sus limitaciones y posibilidades podrás saber si tiene sentido que sigas adelante.

Dicen que hay que equivocarse probando. Y eso hay que hacerlo rápido y barato.

Rápido porque nunca vas a tener todo controlado ni suficientemente claro, así que mejor que no esperes a que muchas otras ideas se lancen y colapsen tu camino. Barato, porque en el proceso de salir y probar, no hay que jugarse un gran capital, ya que no tienes que probar un prototipo terminado ni salir al mercado cuando ya tienes montado todo tu consejo de administración. Mucho mejor es probar una versión beta de tu producto, establecer una estrategia clara de lanzamiento, y hacerlo fijándose un tope de dinero razonable.

Una vez que tengas alguna certeza de que puedes dar curso a tu proyecto, inténtalo. Ya a la vez prepárate para el carrusel de sensaciones que te esperarán en esos tiempos iniciales.

En el camino inicial de la creación y puesta en marcha de tu empresa serán muchos y muy encontrados los sentimientos que tendrás: la soledad suele ser uno de los principales, sobre todo si no hay más personas que se impliquen en tu proyecto o no lo hacen con tu mismo entusiasmo. También son muchas las dudas sobre por dónde empezar, cómo obtener financiación inicial, qué trámites burocráticos debes realizar, etc., etc.

Unos días verás todo muy claro y otros no verás absolutamente nada… es el proceso normal, estarás aprendiendo a emprender, a empezar a convertir un proyecto teórico en una empresa. Date tiempo y sé tenaz, ya que si no pruebas no vas a saber qué resultado cabría esperarse.

Ya lo dice el refrán: este mundo solo es para valientes.

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