Uvas embolsadas, uvas de navidad

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¿Qué sería del fin de año en España sin tomar las 12 uvas con las campanadas que cierran Diciembre?. Son uvas que proceden mayoritariamente del Valle del Vinalopó, en Alicante. Se trata de uvas embolsadas, y conforman un cultivo tan auténtico que merece la pena conocerlo.

Las condiciones naturales más aptas para la producción de uva de mesa en España se localizan principalmente en las zonas mediterráneas más áridas, siendo la Comunitat Valenciana la que destaca en el cultivo de uva de mesa.
Con una producción que ronda las 250.000 tn la Comunitat Valenciana aporta alrededor del 66% del total nacional. Alicante es la provincia de mayor producción, la cual se concentra principalmente en el Valle del Vinalopó. La uva tiene tal calidad y prestigio que se comercializa mayoritariamente bajo la Denominación de Origen “Uva de Mesa Embolsada Vinalopó”. El grado de monocultivo es elevado, de forma que, en términos económicos, la uva de mesa aporta el 72% de la producción final agraria de esta comarca.

La característica que más diferencia esta zona productora de otras es el “embolsado”, que consiste en recubrir el racimo, desde un poco antes del envero hasta su recolección, con una bolsa de papel.

Con el embolsado la uva aguanta más en la planta, se consigue que el racimo tenga un color más uniforme y de aspecto cereo, con un atractivo visual muy bien valorado. Otras importantes ventajas de esta técnica es la protección que ejerce frente a los daños climatológicos y de las plagas; se evita así el contacto directo de la fruta con los productos fitosanitarios, reduciéndose la cantidad de residuos finales.

Las principales características de las explotaciones en la zona del Vinalopó son: una superficie media muy baja (menos de 1,5 ha); se trata de una agricultura familiar, donde es frecuente la ocupación total del propietario y eventual la del resto de la familia; hay un claro envejecimiento de la población agraria y falta de relevo generacional. La construcción durante años y la industria de la zona, siguen atrayendo a los jóvenes más que a la agricultura. Esto también hace que se esté perdiendo la especialización en técnicas de cultivo con destreza manual, como es el caso del injerto, y para las cuales hay que recurrir necesariamente a personas mayores. Algo similar ocurre en la poda.
La tecnología presenta un nivel aceptable, más basada en la costumbre y la experiencia que en la trasferencia de innovaciones, que tienen lugar con lentitud, no sólo por la resistencia al cambio del sistema, además las adaptaciones no son fáciles por tratarse de un cultivo muy tradicional y manual.

¿Cuál es y hacia donde evoluciona la estructura productiva?

  • La composición varietal, sigue una tendencia muy conservadora y sujeta a escasas variaciones en el tiempo, se basa fundamentalmente en dos variedades principales: La Ideal (o Italia) que ocupa el 63% de la superficie plantada y la Aledo, que aunque se le dedica el 35% de la superficie, tradicionalmente es la más representativa de la zona.
    La variedad Rosetti sigue valorándose muy bien, pero ha desaparecido prácticamente por la fuerte degeneración sanitaria que sufre, aunque existe la voluntad de sanearla con la idea de recuperar sus múltiples cualidades que le conferían la calidad por la que se extendió.
  • Se dan otras variedades minoritarias, que actualmente se van introduciendo de forma continua. En general son más tempranas, apirenas o no. La realidad es que en estos momentos se requiere una diversificación varietal, que reduzca los riesgos comerciales, amplíe el calendario de venta, y abarque otros segmentos del mercado. Por ejemplo se habla de la variedad Superio (apirena) y de Victoria (con pepitas), que podrían ir bien en esta zona pero aún quedan cuestiones pendientes de la experimentación.
  • Las formas de apoyo son mayoritariamente la espaldera de tres hilos (la variedad Aledo sólo usa este soporte) y el parral (que puede usarse también en la Ideal). Hoy día se están haciendo múltiples ensayos, pero la tendencia es seguir usando la espaldera, quizás con una formación más alta que la actual. Los ensayos de parral en forma de “Y” parecen que facilitan los tratamientos y mejoran la relación de la masa de follaje por número de racimos.
  • La operación cultural, en la que actualmente se pone más atención para perfeccionarla es el riego. El agua es el recurso más escaso y caro de toda la zona, lo que condiciona la existencia de la actividad y, además, determina la producción y la calidad de la uva. Los acuíferos están sobrexplotados y han incrementado su nivel de salinización. La falta de agua es un gravísimo problema estructural. Con mayores disponibilidades de agua no parece probable un aumento de la superficie cultivada, pero sí crecerían los rendimientos, y por lo tanto la producción total en la zona. Otra consecuencia favorable será la implantación masiva del riego por goteo, con las ventajas que supone.
  • El cultivo no admite grandes mecanizaciones en operaciones como la poda o el embolsado por lo que va a seguir exigiendo mucha mano de obra manual. Esto lejos de entenderse como un problema, debería de verse como una oportunidad, ya que genera empleo y de gestionarse bien, esta mano de obra puede fijarse al territorio.

Lo único que hace falta es que sigamos consumiendo uva, nuestra uva de navidad, y que lo hagamos convencidos que el mundo rural, sin agricultura, deja de ser tan natural.

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